miércoles, 20 de octubre de 2010

Batalla épicamente inutil.

Los siguientes sucesos tuvieron lugar en el parque de teología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador el veintidós de septiembre del año 2009 de 9:27 a 9:30 am.
De la mano de “Andrea” una chica rubia de 21 años de edad utilizando una malla café que llegaba hasta la cintura interrumpida por un cinturón blanco para continuar con una camisa blanca cubierta con una chaqueta roja, cayó al suelo un pedazo de galleta de vainilla con un toque de miel de marca desconocida, posiblemente casera.
“Andrea”, sin percatarse de lo sucedido, terminó de comer y se levantó dirigiéndose, posiblemente, a clases. Mientras tanto, por una grieta en el pequeño muro de piedra que bordea uno de los jardines y en el que comúnmente se sientan los jóvenes a charlar, una pequeña hormiga negra comenzó a salir. La hormiga se acercó al pedazo de galleta, lo sintió con sus antenas por un momento y procedió a levantarlo. En ese momento, desde unas pequeñas hojas que nacían de la jardinera, apareció un enorme insecto parecido a una abeja pero de color azul y con alas del mismo tamaño que su cuerpo aunque de color rojo al inicio palideciendo a un naranja transparente al otro extremo, conocido popularmente como caballo del diablo.
Este insecto se acercó volando a la hormiga que había girado y se disponía a regresar a la grieta de donde salió, la interceptó y comenzó a perseguirla mientras que esta se escondía tras el pedazo de galleta. Inmediatamente, de la grieta, comenzaron a salir decenas de hormigas, todas casi del mismo tamaño de la primera. Las hormigas rodearon al insecto agresor i comenzaron a subírsele poco a poco. El insecto agresor comenzaba a agitarse muy bruscamente, como queriendo liberarse de todas las hormigas que tenía sobre su cuerpo. Dio unos cuantos tumbos y se elevó ligeramente del suelo. Se separó varios centímetros y a la vez algunas de las hormigas que llevaba sobre el cayeron estrepitosamente al suelo mientras que la primera hormiga intentaba recoger nuevamente la galleta, esta vez con el apoyo de dos hormigas más, entre las tres levantaron el pedazo de galleta rápidamente y lo movieron hacia dentro de la grieta. En ese momento las hormigas que habían caído del enorme insecto comenzaban a trepar unas sobre otras formando una especie de escalera o plataforma para alcanzar al insecto que, cubierto aún por muchas hormigas, seguía volando muy bajo, casi inmóvil a merced de las hormigas. Las hormigas que habían estado en el suelo lograban ahora alcanzar a la enorme bestia. La arrastraron al piso. Cuando el insecto tocó tierra se dispuso a devorar a las hormigas y logró hacerlo con dos de ellas que se encontraban cerca del lugar en donde había caído. Las hormigas restantes eran demasiadas como para oponer resistencia así que el insecto solo se dejó llevar por ellas quienes lo levantaron, presuntamente con la intención de llevarlo a la grieta. En ese preciso momento, un joven montado en una bicicleta roja, con el cabello abultado y estilo deportivo, cruzó rápidamente por el parque eliminando para siempre cualquier rastro que pudiera haber quedado de las hormigas, el insecto o la épica batalla. En el lugar de los hechos solo quedó una mancha y un silencio vacío, como si nunca hubiera pasado nada.

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