lunes, 11 de octubre de 2010

Aroma


Yo estaba atrás de una de las columnas del estacionamiento ese día, inclinado de tal manera que ninguna parte de mi cuerpo fuera a delatar por completo mi ubicación, sostenía a mi fiel cuarenta y ocho fuertemente por la culata y me preparaba a halar el gatillo a la menor señal de movimiento. En ese instante me di cuenta de que todo estuvo perdido, cuando bajó de su automóvil y pude percibir su grotesco perfume como veneno penetrar en lo más hondo de mi ser. Era una víctima preciosa, apenas más baja que yo, una piel trigueña atacada por los estragos del sol, unos ojos negros tan profundos que mi alma podía caer en ellos y no encontrar jamás una salida, el cabello oscuro le bajaba liso artificial de una manera tan perfectamente realizada que las puntas terminaban al iniciar su cuello formando un marco perfecto para sostener su rostro, una escultura del arte más fino que nadie jamás hubiera podido representar. Su cuerpo tan perfecto era simplemente indescriptible, y yo por supuesto ya la conocía.
Después de unos segundos escuché esa voz anónima por el audífono en mi oído izquierdo diciéndome una que otra cosa, que porqué no disparé, que porqué seguía con vida, que porqué me estaba tardando algo. Ese desgraciado no tenía idea de toda la historia que tenía yo con aquella mujer, “oh vaya que la tengo –me dijo- conozco toda la historia, es por eso que te contraté a ti, ¿o es que acaso hay alguna otra persona que la odie tanto como para hacer el trabajo perfecto? Mátala de una buena vez, acaba con tu sufrimiento y llévate el dinero, tienes motivos más que suficientes para desear terminar con su vida” Si algo no soporto es que la gente se meta con ella, es así que di un vistazo rápido a mi alrededor y pude ver un sospechoso auto que pasó de veinte a ciento diez en el momento en que lo vi.
Fue a duras penas que alcancé a dispararle al chofer que a mi sorpresa nunca había visto. Lo único que conseguí fue alertar a aquella mujer quien enseguida se reconoció el sonido del disparo y se sorprendió, casi alegró al escuchar mi arma “Eres tú –me dijo- no puedo creerlo, no te atrevas a matarme” tan ingenuamente como si siguiera siendo el ingenuo aquel que ella podía manipular en el pasado, pero las cosas hace mucho que ya no eran así, después del incidente de aquél día toda nuestra manera de percibir la realidad cambió radicalmente.
En este momento lo único que deseo, más que cualquier otra cosa, es poder terminar de contar esa parte de la historia pues, su grotesco perfume penetró como veneno en lo más hondo de mi alma, y como veneno ya ha comenzado a surtir efecto, no sé cuánto me quede de vida, solo se que he programado la impresión automática, y cuando menos me lo imagine y sin darme cuenta, repentinamente, podría dejar de escribbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbb

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