lunes, 27 de septiembre de 2010

Los Naipes Del Destino

¿Está completamente desesperado por aquella persona que se ha metido en su vida y de la cual no puede librarse? De una u otra manera, cada día corremos el riesgo de encontrarnos con alguna nueva persona, irrumpen abruptamente en nuestras vidas sin el menor signo de delicadeza y pueden cambiarla para siempre. Ya sea un amor indeseado, un rival indestructible, o simplemente alguien a quien no soporta más. ¿Asesinato? Oh sí, que gran alivio sería ¿Verdad? Sin embargo, en el mundo moderno en el que vivimos, solo ciertos privilegiados tienen la posibilidad de eliminar a quien quieran de su camino sin el temor a ser amonestados por las leyes que se empeñan en mantener. Es por eso amigo que aquí les tenemos la solución.
Los Naipes del Destino
Escuchemos los siguientes testimonios
“Hasta hace poco tiempo mi vida era perfecta. Había alcanzado el éxito tanto social como económicamente. Poseía un buen trabajo, me gustaba lo que hacía. Tenía excelentes amigos. No tenía ningún tipo de deudas e incluso podía obtener a las mujeres que quisiera. Un día, sin previo aviso, apareció en mi vida una mujer en especial. Es increíble como todo puede estar perfecto en la vida de una persona hasta que llega una de ellas y lo arruina todo. Al poco tiempo de conocerla me enamoré perdidamente. De pronto todo se volvió una especie de culto en su nombre. Todo lo que hacía era para intentar impresionarla. Cuando menos me lo esperaba me había convertido en su esclavo. Ella con sus hábiles técnicas de manipulación hacía que yo dejara todo para hacer su voluntad en lugar de la mía y a cambio solo recibía indiferencia mientras la veía destruir su vida entregándola a un condenado infeliz que la trataba peor que a la basura. Llegué a una situación límite, pero no podía matarla. Gracias a los naipes del destino logré librarme de ella, sin nervios, sin temblores, sin problemas legales. Gracias Naipes del Destino.”
“Yo era el mejor tirador de arco en toda la concentración. Un buen día llegó este sujeto y… bueno, tenía una puntería que yo no había logrado perfeccionar en años y años de práctica. Desde que llegó me lo arrebató todo. Gracias a los Naipes del destino pude obtener mi venganza y regresar al primer lugar, los Naipes del Destino han cambiado mi vida.”
“El sujeto de la esquina me caía mal… ahora nadie los recuerda. Oh sí, los naipes, no habría podido sin ellos.”
El método es bastante simple. Juegue los naipes contra su víctima y esta morirá tantas horas después como puntos gane usted en el juego. Estas novedosas cartas se presentan como naipes comunes y corrientes y la muerte de sus víctimas será un perfecto accidente por lo que nadie sospechará q usted alguna vez hizo algo. Puede adquirirlas ahora mismo llamando a los números al final de la página, y recuerde, no nos asociamos con magia negra ni dependemos de pactos diabólicos.
Los Naipes del Destino son traídos a ustedes por El Señor De La Baraja y asociados.
ADVERTENCIA: el uso frecuente de los naipes puede disminuir peligrosamente la población en su barrio y o ciudad. Es muy común que nuestro cliente sea quien pierda el juego y muera en lugar de su víctima (en este caso por supuesto le devolveremos su dinero).

lunes, 13 de septiembre de 2010

Sucia Guerra...

“Mi nombre es Pedro Altamirano, y soy tu hijo” fueron las palabras que ese extraño individuo le dio al general Pérez en aquella fría tarde de octubre. Desde hace más de treinta años que no había escuchado su voz, visto su rostro, sentido su mano… no, me equivoco… la verdad es que el desgraciado de Andrés Pérez ni siquiera había experimentado esas sensaciones una sola vez. Claro, a nadie le interesaría tener que responsabilizarse por un abuso del pasado. Después de todo así es como las cosas están destinadas a ser, y no hay nada que pueda remediar esta absurda situación.
Pedro tenía apenas cuatro años, estaba viendo un estúpido programa de televisión, de esos creados para hacer a los niños más estúpidos y que las madres permiten en sus hogares para poder librarse de todo el ruido y la incesante pelea que se debe librar para mantener a un niño a salvo, es decir, protegido de sus propias travesuras. Fue entonces que sucedió. A las tres en punto de la tarde un fuerte ruido se escuchó proveniente de la puerta de entrada. Fernanda Santina lanzó un grito de pavor al ver asomarse por ella a esa malévola figura que años antes había sido el origen de su perdición. El teniente Pérez, de las fuerzas especiales, se colaba por el agujero que acababa de crear en la puerta tal y como lo había hecho hace casi cinco meses. Fernanda jamás olvidaría ese día. Las fuertes manos del teniente, la despreciable determinación que dirigía cada uno de sus movimientos. La temible muestra de lujuria en los ojos de aquél que marcaría su primera y última ocasión.
De la misma manera vio sus ojos marcados de furia al entrar a su hogar. Aquella horrible tarde, el teniente entró sin previo aviso a esas blancas y frías paredes que durante tres largos años Fernanda había intentado convertir en un hogar para su hijo y para aquél hombre, El amable señor Altamirano, que tantas veces buscó demostrar si valentía, encontró la oportunidad aquella tarde.
En efecto, Pérez llegó, tumbo la puerta, encontró un poco de resistencia por parte del marido, que muy caritativamente había dado apellido a aquél niño aunque no fuera suyo, y al ver que estorbaba le insertó una bala muy cómodamente en su cráneo de tal manera que provocara un sueño tan profundo como para que nadie nunca volviera a despertar.
Sin embargo mucho tiempo ya ha pasado, la sangre que quedó en la baldosa ha desaparecido por completo. El niño que perdió a su familia aquel terrible día es ahora un hombre, sus padres adoptivos no son más que recuerdos, su infancia no es más que una ilusión, y sus sueños, sus ilusiones, sus fantasías, sus metas, han cambiado de repente, desde el momento en el que vio al orgulloso general, en un poderoso deseo de venganza. Y su madre, que con tanta ilusión lo crió esos primeros años, ahora no es más que una triste alma en pena, que de vez en cuando se pone a relatar esta historia…

lunes, 6 de septiembre de 2010

El Último Día De Rosa

Hacia el este de aquella ciudad, esa en la que se paraliza el tráfico y que está rodeada por un desagradable halo de humo negro, se pueden encontrar algunos rastros de edificaciones antiguas, todas ellas en un estado deplorable, los techos de concreto casi por completo derruidos, las paredes de piedra pobladas casi por completo de una inusual capa de musgo (algo extraño al tratarse de un lugar por demás desierto) y las puertas, posiblemente labradas en madera, simplemente ya no están.
En estos días el visitar esa especie de ruinas podría resultar en un bonito paseo. Los niños correrían inquietos, se treparían a las destartaladas paredes y jugarían toda una tarde a retar a otro para ver quién sube más alto. Los padres los dejarían correr libres y se sentarían a relajarse, con la vista más al este podrían maravillarse al percibir con sus ojos kilómetros y kilómetros de nada. Absolutamente nada. Y es que las grandes ciudades nublan tanto los sentidos de las personas que no se imaginan lo reconfortante que puede ser la nada. El vasto desierto.
¡Oh! Vaya que sería un buen paseo, sin embargo nadie sabe como llegar. Nadie sabe que al tomar la ruta 736 a la salida de “el Marnayal” (un barrio que en sí mismo es la representación de la absoluta pobreza y a donde no podrás entrar si no esperas perder al menos un setenta por ciento de tus pertenencias, pero sin embargo posee un cierto encanto, supongo que a la gente les recuerda una época más simple) y conducir durante una media hora, al atravesar una pared de desperdicios que se puede identificar por un antiguo letrero de alguna especie de transportes llamados “Chevrolet” encontrarán un pequeño sendero que al final conduce a las ruinas.
Nadie sabe tampoco que de entre todas esas antiguas edificaciones, una se mantiene en pié. Se trata de un maravilloso ejemplar de lo que algunos presuntos expertos llamarían “la prisión modernista”. Posee la disposición espacial de un pentágono perfecto, en el centro permanece erguida una enorme torre (enorme solo en comparación a las edificaciones aledañas) en donde se presume los guardias montaban turnos para vigilar cada uno de los perfectos pabellones de ladrillo que nacen de ella y terminan, cual estrella, en cada una de las esquinas del pentágono.
Cada pabellón es en si mismo una obra de arte. Cada ladrillo ha sido colocado muy cuidadosamente para formar, entre todos, una sola armazón lo suficientemente dura para albergar presos tan peligrosos como debieron de haber sido los de aquella época. El techo está cubierto de un material muy extraño, parece algún tipo de metal, sin embargo no tenemos aún un nombre para él en esta época. Las puertas forjadas en el más duro bronce son casi imposibles de romper incluso para nuestras máquinas, por supuesto esto no es más que una conjetura, no es que se haya intentado jamás, como he dicho, nadie jamás ha entrado aquí. Ni nadie sabe que por el tragaluz de la torre del guardia, a las doce del día y en esta semana inusualmente despejada, un rayo de sol logra colarse, y alumbra desde lejos, en el sótano y moribunda a la última flor…

jueves, 2 de septiembre de 2010

Despierto

Son las nueve de la noche, y no sé qué escribir. Me siento cómodamente frente a mi computadora y dispongo todo para que la creatividad fluya. Con sueños, ilusiones, fantasías y realidades, que finalmente resultan ser las más sorprendentes, sin embargo al ver la hoja en blanco solamente pienso en ti…
El reloj marca un cuarto para las diez. Me he pasado más de media hora divagando en tu recuerdo, reconstruyendo tu rostro parte por parte en mi cabeza. Hasta llegar a tus ojos. Esos ojos que penetran en mi alma. Ojos que ven más allá de esta falsa sonrisa, que se internan en lo más hondo de mi corazón y que con una simple mirada descubren en mi interior el secreto más profundo, el que solo tú conoces sin que te lo haya mencionado, pero no lo dices. Prefieres enterrarlo y olvidarlo, aunque debas recordarlo cada vez que me ves. Lo sabes pero no quieres que sea verdad, porque lamentablemente para ambos, no puedes vivir sin mí, pero tampoco conmigo.
Son las diez y cuarto, me que quedado embelesado viendo tu foto, mi favorita. Sostienes una zanahoria como si me fueras a apuñalar y la sangre corre deliciosamente por tus labios. Tu sonrisa se dibuja macabramente en tu rostro a medida que te acercas enarcando las cejas a punto de dar el golpe final, pero ¡oh dolor! Tus ojos hace horas que me han matado… ¡ah como me evoca fantasías aquella foto!
Habría seguido horas admirándola, de no ser por un peculiar sonido. De entre tantas ventanas abriéndose en mi escritorio, solo miro la tuya, que logra arrancarme una sonrisa en medio de ese dulce pesar. Y tú… no dices nada importante, no dices nada relevante, no dices nada inteligente, ni siquiera dices algo gramaticalmente correcto. No me importa. Solo escribes porque me quieres, porque de una u otra manera te importo, por hoy, eso es todo lo que necesito saber.
Ahora son como las once, y ya te has marchado. Es lo mejor, no me gusta que te quedes despierta hasta tan tarde. Mientras tanto reviso una y otra vez nuestra conversación, leo y releo hasta el cansancio. Son palabras vacías, superficiales, algo ingenuas e intrascendentes, sin embargo cada letra que me escribes tiene más significado para mí que todos los textos y poemas que he escrito en tu nombre.
Muero por escuchar tu voz, simplemente no puedo resistir el impulso, y te llamo.
Nada.
Nada más que el molesto pitido del teléfono antes de pasar a la inaguantable grabación del buzón de mensajes. Con un horrible dolor en el alma me dispongo a terminar estas líneas, con una amarga mueca de odio, no a ti, sino a mí cuando estoy contigo.
Son las doce de la noche y mi teléfono vibra.
-hola querido, ¿qué pasó?
-no es nada, solo quería escuchar tu voz unos instantes.
-¿estás bien? Tu voz suena algo apagada.
-será el sueño, perdón por molestarte
-no, algo más te pasa, pero si no me quieres decir fresco, mañana hablamos
-está bien… adiós
-te quiero
-yo más…
Y otra vez el molesto sonido, pero ya nada importa, solo que pude escuchar su voz.
Son las doce y media, y este texto inútil, lleno de divagaciones innecesarias, ya se ve lo suficientemente grande, me dispongo a dormir…



No puedo dormir, tengo a una mujer atravesada en mis pensamientos.

Videoclip Religioso!

Bueno, como les había contado últimamente, estube participando en un videoclip para una gente medio rara, religiosos de algún tipo, y bueno, si bien nunca he sido de aquellos que van a misa todos los domingos y etc... la canción me parecio bonita, así que para todos aquí les dejo el video aficionado que tomó mi hermana con la cámara de fotos, don Huberto Santacruz al piano y supongo que no hace falta decir que yo soy el de churos... disfrutenlo! (próximamente el buen video así editado todo bonito por los individuos de la iglesia).

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Saludos, disculpas, aclaraciones y vanas justificaciones...

Bueno mis estimados y escasos lectores y lectoras. Si si, lo sé, como quiero que hayan lectores si no publico nada, pero bueno, estos días... estos meses, he estado algo ocupado con la universidad, el trabajo, el taller, los extracurriculares, etc... (hablando del taller, muy pronto subiré el video aficionado que hizo mi hermana de la filmación del videoclip religioso jaja xD). Finalmente, pero no terminando porque típico se me ocurre algo cuando esté a punto de publicar, pido disculpas por anticipado. Sucede que por motivos de fuerza mayor (la universidad) me veo obligado a utilizar este "templo" de "arte" para publicar periódicamente los trabajos de Análisis y Redacción de Textos II (que poderoso! jaja) y porqué? pues simplemente me da pereza de crear otro blog... así que mis próximas publicaciones serán como "hechas por encargo" así que tal vez no siempre lleven ese estilo que me caracteriza, sino que más bien seguirán los lineamientos establecidos por las normas de la materia. Pero vamos! las buenas noticias es que con esto seguramente escribiré más seguido, así que no todo está perdido.
Para finalizar he de comentarles que en este momento me encuentro sentado sobre mi cama, aún con la ropa de calle, atacando algunos acordes con mi guitarra mientras se me ocurre que incoherencias saldrán de mí esta noche para subir mi primera publicación "a pedido" oficial al ritmo de un melancólico pasillo. Así que apuro un generoso vaso de puntas (para el frío y la creatividad) enciendo un cigarrillo, y comienzo a escribir...