viernes, 28 de noviembre de 2008

Silenciosamente Bella

Simplemente no pude dejar de ver su cuerpo desparramado sobre la baldosa del cuarto de baño, sus ojos tan inquietos, que me examinaban con desesperación, ahora descansaban tiesos sobre sus cuencas; su agitada respiración que me llenaba de una fatal angustia, porfin se había acallado; ese olor tan grotesco a fresas, sábila, y algún quimico barato, ahora era opacado por el dulce aroma de la pólvora de mi revolver; esa cabellera rubia, tan brillante, tan iriente a la vista, ahora se transformaba lentamente a un hermoso escarlata, y esos labios, esos tan impertinentes y groseros, jamás volverán a llamarme loco.

2 comentarios:

Favor no comentar si está fuera de contexto. excepto Gaby, ya la costumbre... ella si, comente nomás.