Te abracé sí, sólo una vez aquella tarde
Mas tus latidos aún habitan en mi pecho
Buscando siempre una manera de matarme
De deshacerse de ese mal que me has hecho
De esa angustia que me provoca el adorarte.
Te abracé, si, con pasión y ternura
Como ansiando con mis brazos detenerte
Aunque sé que en esta vida nada dura
Y que tarde o temprano he de perderte
Y volveré a enterrarme en mi amargura
Y es tan grande ese deseo de tenerte cerca
Donde sé que nada puede lastimarte
Donde eres tú, soy yo, y el mundo es nadie
Donde la tibia brisa de mi amor puede abrigarte
Donde una mirada es caricia; una caricia, beso; y tus labios… ¡oh tus labios!
Mas son tus ojos relojes, ahí miro el tiempo pasar
Cada lágrima un segundo, que se transforma en eternidad
La eternidad, efímero momento, que se termina cuando te vas
Tu ausencia, una fina daga, que me apuñala en la obscuridad
La obscuridad es un infierno, ahí paso el tiempo cuando no estás
Cuantas notas habré tocado en tu nombre
Cuantas lágrimas, derramado sin saber donde
Tristes violines lloran llamándote a ti
Gimen y luego mueren, porque no los oyes
Porque no los miras, porque no me miras
Y queda el miedo
La ansiedad
El deseo
La traicionera sensación de que en cualquier momento
Podrían de pronto arrebatarte de mi lado
Llevarte lejos, donde el río se vuelve llanto
Donde te vas, me dejas, te dejas, te alejas y muero
Y solitario en este mundo injusto injustamente te pierdo…
Solitario en este mundo, no te tuve, ni te tengo…
