Hay días en que el amor ilumina tu sendero, un alma noble llena de belleza entra en tu vida y cambia todo para siempre, ahora ya no tienes vida, le pertenece a ella, cada respiro y pensamiento que salga de tu joven cuerpo, es de su propiedad, ella a su vez se entrega a ti con todas las fuerzas de su alma, todo es perfecto, y la eternidad no es suficiente para que se demuestren todo el amor que los llena, tienes todo lo que necesitas justo a tu lado, y te sientes frágil, porque cualquier cosa en cualquier momento te lo puede quitar.
Salgo de mi casa con mi mejor traje, tomo un bus y con miedo y timidez me alejo de los indios que se suben a pasear sus productos, no quiero que sus sucias cebollas arruinen el aroma del perfume que traigo, debo estar impecable, para ella, porque la amo, y quiero que todo sea perfecto.
Me bajo del tembloroso transporte frente a su casa y le doy una última revisada a mi apariencia, retiro de mi manga unas briznas de polvo que tal vez ni siquiera existían y busco su silueta entre las persianas, inmediatamente su bella figura asoma en el pórtico, no hacen falta palabras, un solo rose de sus labios hace que el tiempo se detenga, y no se puede ser más feliz.
Después de una hermosa velada la dejo en su casa más enamorada que nunca, yo mismo emprendo mi camino de regreso con la mente en la suya, camino por una acera pobremente iluminada, con todo cuidado observo a aquellos quienes me rodean, ya es noche y en las calles vacías se aproximan lentamente criminales armados con puñales, salvo aquel alto que parece ser el líder, estoy rodeado y me acorralan, llévense todo digo con honestidad y sin mayor importancia, lo único que necesito para ser feliz, ahora descansa varias cuadras al oeste, coopero y ellos conformes guardan sus armas.
Como luces de la muerte, una baliza resuena en la esquina, y cual una terrible maldición, los inútiles guardianes de la ley aparecen una vez, cuando no son llamados, ¿acaso los llamaste? Pregunta el más burdo de los asaltantes, y desenfundan nuevamente sus armas, ahora todas son de fuego, y luego de un absurdo tiroteo, el burdo criminal cae muerto, y los otros dos huyen con mis posesiones no sin antes jurarme venganza, ¿está usted bien señor? Pregunta el oficial, estamos para proteger y servir, dice como si con eso solucionara el asunto, yo simplemente me marcho sin dirigirle la palabra, ¿en que estaba?, ja, como si lo hubiera olvidado tan solo un segundo, llego a mi hogar y antes de acostarme pienso en ella, para luego soñar con ella, sentirla en la distancia, tenerla eternamente en mí.
Hay días en que podrías despertar con desesperación, si tan solo la angustia te hubiera dejado dormir, días en que todo se destroza y comienzas a dudar de tu propia persona, días en que todo lo que haces está mal, si la llamas no contesta, dice que la sofocas, que no puede estar con alguien tan posesivo, días en que el amor no es suficiente, el amor no es nada sin ella a tu lado para disfrutarlo.
Me incorporo sobre mi asiento simultáneamente con las primeras notas de mi celular, es ella, es su melodía, ¡me ha llamado!, casi no puedo creerlo, debemos vernos ahora, me dice con una voz fría, no me importa, quiere verme y es lo único que ahora tiene importancia, tomo mi chaqueta y con mis ropas aromadas de alcohol salgo de la casa de unos amigos, y me encamino hacia aquel bendito lugar donde tantos ocasos vi, donde tantas noches soñé, y donde el tiempo se convertía en un elemento tan insignificante que simplemente dejaba de correr.
Subo a un bus repleto de personas extrañas, normales a la vista de todos, repugnantes para mí, de los nervios me siento en la olla de choclos de alguna vieja laboriosa, y con una mueca de esperanza reviso mi celular cada vez que el bus tiembla o hace un movimiento brusco, tal vez sea ella llamando, me digo, tal vez ella llama pero el ruido y tambaleo de este primitivo medio de transporte no me permite notarlo, tal vez.
Con mi arma de trago y mercado me bajo frente a su casa, miro las ventanas buscando su silueta, pero no está ahí, luego de un rato desesperado timbro, toco, golpeo, pero nada sucede, la llamo, desesperado, la llamo, ahora voy, no dramatices, me dice y cuelga, sale y como quien da una limosna besa mi mejilla y dice, seamos solo amigos, la verdad no me gustas, se voltea, camina lentamente hacia la puerta y la cierra de golpe, un golpe que llega a mi corazón y destruye mi alma.
Con los ojos y la mente en blanco camino despechado por la oscura acera, no puedo pensar en nada, estoy destrozado, mis pies simplemente se mueven a su voluntad, vago sin rumbo fijo por la calle, aún sin poder creer lo que termina de pasar apenas minutos antes, y de repente al intentar virar la esquina tropiezo con un infeliz parado contra la pared, oye estúpido, que te sucede, me dice, pero vaya, si es el imbécil que hizo que mataran a mi primo, bueno, pues ahora tendrás que vértelas con el en el infierno, escucho dos balazos retumbar en mi cabeza, y nuevamente sirenas, esas malditas sirenas que aparecen siempre sin ser llamadas.
Hay días en que la vida no tiene sentido, la existencia por completo pierde todo el sentido, lo único que te llenaba, aquella por quien vivías, no está ahí para ti, no está con nadie y sin embargo no te desea, te desprecia vilmente, ¿por orgullo tal vez? ¿O por estúpidas influencias? Ya no lo sabes ni te importa, no tienes nada, no vales nada, y no te importa, la vida misma se ha llevado tu vida, la vida cruel te ha arrebatado el amor, y te sientes todo poderoso, al todo perder el sentido, al todo valer una absoluta miseria, ya no tienes nada que perder ¿verdad? Puedes hacer lo que sea, y ninguna consecuencia puede ser lo suficientemente cruel o dolorosa como el amargo sabor del rechazo, en estos días, no eres nadie, en estos días, eres Dios.
Salgo de entre las sombras con una obscura gabardina, toda mi ropa es negra, guardo luto a mis esperanzas perdidas, a mi vida desperdiciada en un amor que nunca fue, no recuerdo la última vez que me bañé, solo estoy seguro de que fue por ella, aquella mujer que se ha convertido quizá en mi único recuerdo, y salgo a aquella selva de concreto donde ebrios y prostitutas se disputan el premio a la lástima que merece la humanidad.
Camino frente a su casa y veo una mujer carcomida por la edad, con unos pocos cabellos blancos cayendo de su decrépita cabeza, casi no reconozco en ella a aquella niña especial de la que algún día estuve locamente enamorado, aquella niña por la cual hubiera sido capaz de dar la vida, y me doy cuenta de lo gracioso que puede resultar el destino, de cómo el azar salvó mi alma al separarme de aquella ingrata para siempre, simplemente río y sigo mi camino.
Llego a un pequeño bar en el norte, me siento en la barra y ordeno un whisky, mientras una zorra cualquiera se acerca a mis espaldas, invítame una cerveza guapo, dice con voz seductora, como si con ella pudiera conquistarlo todo, o no puedes conquistarlo todo, pero hoy la suerte te favorece, pienso mientras le pido al cantinero la vulgar bebida, tres copas y dos palabras fueron más que suficientes, y en pocas horas aquella extraña era una más de mis aventuras sin sentido, mi vida se había vuelto una orgía interminable con cualquier mujer bonita que se cruzara en mi camino, la uso, me usa, la dejo, se duerme, y sigilosamente salgo y la abandono en aquel putrefacto motel, salgo a vagar por las calles de mi centro, donde yo domino y soy el dueño aunque nadie lo note o me mire siquiera.
En la esquina lo veo, y me acerco solo para divertirme, “no puede ser, eres el hijo de puta por el que me metieron a la cárcel”, dice aquel hombre ya viejo y acabado, “no se que pasó la última vez, pero no fallaré en dos ocasiones” saca un puñal de su pantalón “te mataré, aunque me lleve de nuevo a la cárcel”, “por mi puede llevarte a la mierda” contesto con altanería, y el enloquecido por la furia se lanza sobre mí empuñando su cuchillo y clavándolo donde probablemente estaría mi corazón, sin embargo su cuerpo atraviesa la fría sobra que forma mi figura, y cae con estrépito al piso, “ese ya ha recibido suficientes puñaladas amigo, y ya es inmune” digo con ironía antes de desvanecerme entre la penumbra para volver a la rutina de las calles, una y otra vez.
Hay días en que ves a un viejo loco por las calles del centro, ves que se lamenta, lo persigue el alma de su única víctima mortal, muerta de dos balazos en el cráneo más de cuarenta años atrás, un alma que no puede matar a puñaladas, un alma que cree que solo el está condenado a ver, días en que sientes a un espíritu de negro deambular por la ciudad solo visto por sus enemigos, unos cuantos locos de las aceras, y ciertas mujeres que podrían darle un placer momentáneo en sus momentos de dolor, un espíritu que está condenado a vagar sin rumbo recordando a la única mujer de la que estuvo verdaderamente enamorado, días en que se desvanece y aparece, siempre con la misma ropa, siempre con las mismas intenciones.
Ese espíritu soy yo.
Estas palabras no son anónimas
Hace 17 años.
